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(Fuente http://members.tripod.com/domconsulate/tingo.htm)

Tendría como 5 años cuando murió su madre teniendo que ser criada por su abuela Nini Soriano junto a todos sus hermanos y hermanas en ese mismo lugar. Cuenta Evaristo Muñoz a sus 83 años que se criaron juntos; que era una niña llena de vivacidad y que sus juegos de chiquita eran con una rústica muñeca y haciendo cocinados con tierra en los montes además de unos conuquitos en los que sembraban lo mismo que los adultos, pero más dispersos, que luego eran desbaratados por los animales. Negra como el azabache, ágil y vivaracha iba siendo aún una niña con su abuelita y sus hermanos por las calles de la capital de Santo Domingo vendiendo unas petaquitas llenas de carbón que ella misma ayudaba a preparar llenándolas y colocándolas en las árganas de los animales, "cadbón, cadbón", voceaba con su voz infantil por "la Capotillo", ahora avenida Mella, antes "el camino de los burros," por los barrios de Ciudad Nueva, San Carlos de Tenefife, San Miguel, San Lázaro, "cadbón, cadbón". Después vendrían los días que se pasaba en la casa de su hermana mayor, Margarita Chalas, ahora con 96 años, que se había casado con Florencio Muñoz conocido por Tení y que estaban viviendo en Sabana Grande de Hato Viejo de Yamasá después de ser llevado allí por el tío Hilario Martínez que comenzó a trabajar temprano esas tierras sin dueño por las que tanto dolor y sangre se derramaría los días en que llegaría el amor, al conocer en unos de esos viajes a Felipe Muñoz con el que se casó quedándose a vivir en ese sitio, dedicándose a tener sus hijos, a sembrar la tierra, a vender carne "buena" en la capital y estillas de un palo conocido como Hojas Anchas que se usaban en las panaderías de la ciudad, llegando ella a juntar hasta tres camiones de millares de éstas que eran preparadas por la comunidad para sobrevivir.

Dicen que Felipe, antes de morir asesinado en un lío de galleras, peleaba mucho con ella porque no se dedicaba exclusivamente a cuidar y criar sus hijos, sino que hasta se iba a los campos, amarraba a los niños principalmente al mayor conocido hoy por Domingo Tingó a una mata de plátano y se ponía a trabajar agricultura con su machete o con su mocha; al perderlo, teniendo Domingo apenas seis años, tuvo que hacerse más fuerte y trabajar más duro para criarlo sola, cosechando diversos productos que vendía además de bija, cajuiles y aguacates, y después que estos estaban bien grandes, organizando sus propias vidas se "metió otra vez en marido" uniéndose al agricultor Jesús María de Paula.

Para el "otro mundo" que se vive en nuestro propio país, generalmente a costa y tan ajeno a la existencia de esos otros dominicanos, un militar de la tiranía de uno llamado Trujillo conocido como Pupo Román se había hecho dueño de esas tierras que eran cultivadas, desalojando a más de cuatro familias, tumbándoles las casas, pero sin alambrarlas y dejando con el tiempo a las gentes que vivían y trabajaban en ella, siendo "vendidas" luego a un señor llamado Virgilio Pérez el cual metió unas vacas que le dañaban los sembradíos a los agricultores y unos tractores, y una siembra de piña. Tenís recuerda a sus 91 años cuando hizo parar el tractor que rompía la tierra y le dijo de "pico a pico" (en su propia cara, directamente) antes de irse del lugar para evitar una desgracia: "yo tengo ahí 2 quintales de bija, cajuiles y café que trabajé y valen mucho para mí como pobre aunque para usted no valgan nada; usted puede hacer lo que le venga en gana pero es explotándonos a nosotros, etcétera". Aún así, los campesinos seguían viviendo allí y cultivándola como venían haciéndolo algunos desde hacía más de cincuenta años. Entonces apareció como "nuevo dueño" un señor llamado Pablo Díaz que las alambró, metió tractores en los conucos y se apoyó en un contingente de policías entre los que se encontraban conocidos personajes del terror oficial como un tal "Tipo-Tanque", que tenían a los agricultores en una constante zozobra, los cuales aunque se mantenían en los terrenos se vieron obligados a laborar casi a escondidas y arreció una lucha en la cual la tenacidad y la paciencia del hombre y la mujer que trabajan la tierra teniendo que rehacer lo hecho permanentemente. Ese era el método y así comenzó la leyenda que hoy cobra inusitadamente más fuerza y que se llamó entonces Doña Tingó para transformarse después de su muerte en mamá Tingó..., una leyenda de luchas acompañadas de décimas y cantares, algunos, verdaderos poemas campesinos al estilo heredado de la abuela África, y de grandes sacrificios, en la cual el eje central es la tierra y su posesión de parte de quienes la trabajan, su protagonista una masa que cada día es más grande y una dirigente excepcional que entonces andaba por los más de cincuenta años muriendo a los 60, que se perpetúa. Dicen lograron desalojar a unos cuantos, como a "fiscal" al cual le dieron 100 pesos pero que ella siempre se negó y que una vez que la cogieron presa a unos de los verdugos de la policía del gobierno que se mantenían engañando a los campesinos hablándole de reformas agrarias en complicidad con una parte de la falsa izquierda dominicana, se les ocurrió echarle gratey y pica pica que son cosas que producen alergias y picazones y que ella se quedó como si nada. Que se mantenía trabajando con su mocha y su machete, pero que su voz se había hecho más sabia y de mucho peso en toda la comunidad que la escuchaba y respetaba comenzándose a entonar el cántico: "No me dejen sola, suban la vó/ Que la tierra e mucha y dá pa tó /En el campo entero se oye una vo/ Vive en hato Viejo, Doña Tingó/ Agarren la mocha y suban la Vó; que hay una junta de Sol a Sol". Y los campesinos se juntaban para ir a sembrar "protegidos" por la solidaridad a las tierras siendo víctimas de roturas de costillas, numerosos apresamientos y persecuciones que llegaron hasta a importunar sus reuniones en un lugar llamado "la tranquilidad" que queda en la cercanía. Dicen que el terrateniente le ofreció dinero y un apartamento para que dejara la lucha, pero que ella le contestó que no, que ella prefería que la mataran porque si no seguían la lucha no iban a conseguir que sus hijos, cuando ella faltara, y la comunidad pudieran trabajar la tierra en paz, y que entonces siguió la "Lucha Grande", como fue llamada, hasta en los tribunales.

Fue un día primero de noviembre recordado por todos, después de regresar del sitio de Monte Plata, cuando supo que Durín, uno de los hombres del terrateniente, le había desamarrado los puercos; cuentan que después de saberlo llegó a su casa, y se bañó y cambió de ropa antes de dirigirse a amarrarlos otra vez, pero cuando estaba en eso se le apareció Durín y le dijo amenazante que ella sabía que no podía amarrar sus puercos ahí, a lo que ella le contestó que ahí era que tenía que amarrarlos porque ahí era que ella vivía; que se sintió amenazada por el hombre con la escopeta, le brincó arriba y lo tumbó blandiendo entonces su machete y produciéndole con el canto de este, dos pequeñas heridas, una en la frente y otra en un dedo, y que estando en esa lucha apareció el marido el cual intentaba separarla del hombre, y que ella le decía que no la desapartara (apartara del otro) porque la iban a matar, pero que este insistió dándole la oportunidad a Durín de alejársele un poco, situación que aprovechó para prepararse y dispararle dos escopetazos desde una hondonada que acabaron con su vida. Cuentan que fue entonces cuando las noches se llenaron de campesinos que cantando"A desalambrá, ahí, a desalambrá ahí"; tumbaron desde el río Guanuma hasta lo alto y de una vez, todos los postes de la cerca que al ser repuestos al otro día, fueron entonces cortados (picados de poste en poste) otra noche dando origen a la estrofa que dice: "A Pablo día le dijeron/Tumban los alambre tó/Dijo que venía pacá y el pecho se le apretó". Unos meses después el gobierno de la falsa reforma agraria, dirigido por uno anormalmente obcecado con el poder, presionado por una opinión campesina que no le convenía a sus aprestos reeleccionistas, declaraba la tierra de utilidad pública y el terrateniente sacaba sus tractores, sus vacas, sus aperos y sus contingentes militares al servicio de los poderosos, de las tierras humedecidas con la sangre de Doña Tingó. Ahora, "con una mochita, cómo puede el campesino?", se queja Enriqueta, una negra alta, fuerte e inteligente que es una dirigente campesina de una asociación de mujeres que no quiere casi asesores por "lo que traen" la cual aunque contenta con su triunfo, observa cómo un gobierno que tanto les ofreció ha descuidado ese proyecto y los terratenientes cogen fuerza otra vez mientras sus condiciones de vida son extremadamente malas. Recuerda que le dijo al presidente, "porque conseguir cita e fácil, lo difícil e que resuelvan", que ayudara el proyecto de esa tierra que se ha conseguido a "precio de sangre" y que "ni un camino bien", y mientras grandes y brillantes cucuyos nos pasan casi rosándonos el cuerpo, alusando (alumbrando) la noche oscura, Bibiano Abad el que proclama la unidad y dice que hasta ahora todos los que llegan es a dividirlos y menciona a los partidos, las iglesias y los sindicatos trata de entonar un cántico de los de mamá Tingó y se queja porque de algunos apenas le salen palabras porque al no recordar el aire (la melodía) se le quedan perdidas en la memoria las palabras.

Hay unas semillas muy grandes y vigorosas diseminadas en los campos, de firmeza, de amor y de justicia que se llaman Mamá Tingó.  

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